Paso 1: La magia de la hidratación por capas

El secreto de la Glass Skin es una hidratación profunda que nace desde el interior. No basta con aplicar una crema una vez; es fundamental utilizar la técnica de 'layering' o capas, aplicando el producto en varios niveles. Primero, justo después de limpiar tu rostro, prepara el camino con un tónico para equilibrar la piel. En lugar de usar un tónico con algodón, te recomendamos el 'método de las 3 capas', aplicando un tónico de textura densa directamente con las manos tres veces.

Después, utiliza una ampolla altamente concentrada con ácido hialurónico o pantenol para sellar la hidratación en las capas profundas. La ampolla no solo elimina la sequedad superficial, sino que aumenta la transparencia natural de la piel. Finalmente, aplica una capa fina de crema hidratante ligera con ceramidas para crear una barrera protectora que evite la evaporación. Lo más importante es dar suficiente tiempo entre cada producto para que la piel lo absorba por completo. La paciencia es el primer paso para una textura suave como el cristal.


Paso 2: Exfoliación y el toque final de brillo

El mayor obstáculo para una piel suave son las células muertas. La Glass Skin se basa en una superficie tan lisa que refleja la luz, creando ese efecto de brillo. Por ello, la exfoliación periódica es vital. Usa un exfoliante químico suave con PHA o un limpiador enzimático una o dos veces por semana. Es mucho más efectivo y protector para la barrera cutánea que los exfoliantes físicos fuertes.

Tras la exfoliación, maximiza el brillo natural con un aceite facial o una bruma iluminadora. Mezclar una gota de aceite facial con tu base antes del maquillaje añade una luminosidad instantánea. Además, el protector solar es el paso final y más importante de la rutina. Los rayos UV opacan el tono y causan envejecimiento, robándole el brillo a tu piel. Usar un protector solar tipo sérum es el verdadero secreto de la K-Beauty para proteger la piel mientras mantienes ese aspecto transparente y radiante.